Este relatillo se publicó hace tiempo en otro blog respondiendo a una convocatoria para el juego de los dados Storie Cubes, donde hay que utilizar las palabras que salgan en las caras de los dados.
Os dejo el relato con el que colaboré. Las palabras subrayadas eran las obligatorias.
Seguro que alguno lo recordará, pero hoy toca reposición.
Se agachó con trabajo, su rodilla derecha dolía y crujía cuando la forzaba en esa postura, pero su curiosidad superaba con creces el dolor, era como el aguijonazo de una abeja cuando le picaba la curiosidad... y claro está, no pudo por menos que echar una ojeada, nunca mejor dicho, por el ojo de la cerradura.
El extraño ruido de pasos que se escuchaba al otro lado de la puerta le inquietaba, se moría por saber qué estaba pasando en la habitación contigua. Por un momento, lo que veía no tenía nada de anormal....a la loca de su jefa yendo y viniendo de un lado a otro con paso ligero y nervioso...¡bah!, ya está otra vez con el mono, los ansiolíticos le pasarán factura algún día... Cuando volvió a echar otra miradita, la vio tendida en la cama y llorando desconsoladamente...¡voy a entrar!..pensó, quizás me necesite...metió la mano en el bolsillo de su delantal y tanteó...¡siempre me pasa igual! ¡todo lo voy echando al bolsillo!...repasaba mentalmente....un pañuelo, un blister de medicamento, una manzana distraída del frutero de la cocina, un coletero negro, una lista de compras, un reloj de pulsera Cartier que se había "encontrado" entre los cojines del sofá y ¡¡por fin!!...una anilla metálica con las llaves de la casa.
A punto estaba de meter la llave en la cerradura cuando oyó su nombre en tono alterado, miró hacia atrás y vio como un agente de policía que acompañaba al dueño de la casa, le daba el alto con la mano para que desistiera de su idea de entrar en la habitación; se quedó blanca, su cuerpo temblaba visiblemente y hasta su voluminoso vientre se quejaba de retortijones, toda ella se descompuso, por su mente pasaron en cuestión de segundos las imágenes de su detención, del castigo de la Justicia y de su posterior encarcelamiento...¡¡madre mía!! ¡ y todo por un relojito de nada!.
Cuando el agente llegó a su altura, la apartó bruscamente y comprobó que la puerta estaba cerrada, su jefe se acercó a ella y le dijo: "Gracias por intentar entrar, Carmela, mi mujer me ha llamado para comunicarme que iba a suicidarse y no he tenido más remedio que venir con la policía, a ver si así se le quitan las ganas de utilizar siempre la misma excusa para que no la deje"...¡uff, menos mal! no saben nada...¡yo me largo de esta casa de locos y no vuelvo más!
Cogió su abrigo del perchero, se lo colocó encima del delantal y salió dispuesta a pisar el acelerador de su flamante coche aún a riesgo de que la pararan por exceso de velocidad, teniendo en cuenta la "L" que lucía en el cristal trasero del vehículo.
