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INMERSA EN: NADA ENTRE MANOS....ESPERANDO GANAS.



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martes, 16 de septiembre de 2014

¿LO SABÍAS?....SEGURO QUE SÍ








¡VETE AL CARAJO!... Muy desagradable ¿verdad?...la persona que nos manda allí, lo hace como insulto y porque ya está harto de nosotros y lo hemos sacado de sus casillas. (Yo misma, mentalmente, lo he dicho cienes y cienes de veces)
No sé yo a qué carajo hubiera sido mejor que nos mandaran, si  al que el género masculino considera su mejor amigo y protege a cal y canto para que no le falle,  o al que verdaderamente da sentido a su significado. Veamos.

Si al carajo que nos mandan es al primero que menciono... Pues ¡mira!... Tal vez podamos sacar un revolconcillo placentero que nunca viene mal  y le damos un poquito de alegría al cuerpo [eeeeeh Macarena...¡aaay!] pero si es al que me temoooo.... ¡Lo llevamos claro!

En tiempos de carabelas, conquistadores y piratas, allá por el añooo....bueno ¡a quién le importa!... por el año que sea, el caso es que en  esas embarcaciones se podía otear el horizonte, divisar naves enemigas y descubrir tierra, desde una especie de cesta no demasiado grande, instalada, como no podía ser de otra manera dada su utilidad, en el punto más alto de la embarcación... esto es.... en el mástil del palo mayor. A esa cestilla se le llamaba carajo, sí sí, carajo.
Su altura era tal, que allí se padecía la inclemencia del tiempo en todo su apogeo...    Si hacía calor y el sol pegaba fuerte y puesto que los protectores solares no se habían inventado, el vigía sufría quemaduras, insolaciones, deshidratación y mareos constantes, si por el contrario, las temperaturas eran bajas, en ese punto tan alto no hace falta decir que el frío les atería y era la consecuencia de que muchos enfermaran llegando a producirse la muerte. Y ya el colmo era cuando el viento y los temporales zarandeaban el barco de lado a lado, consiguiendo que el pobre vigía perdiera fuerzas en su lucha por mantenerse consciente y sujeto a las cuerdas de la cesta y terminara cayendo al mar embravecido, perdiendo la vida.

Era un deber a cumplir cuando el capitán daba la orden,  resultaba muy duro en cualquier época del año y a nadie agradaba ese puesto.... Por lo que cuando había entre la tripulación algún hombre que no cumpliera con su deber, fuera culpable de algún delito o provocara peleas y motines, era castigado con lo peor, con lo que más temían.... ¡¡mandándolo al carajo!!

Pero es curioso, con el paso de los años, carajo, se ha seguido utilizando en muchos países, tanto en términos positivos como negativos...  Y se menciona cada vez más en exclamaciones de enfado y sorpresa... "¡hace un frío del carajo!"...o "¡este gazpacho está del carajo!"...o "¿y a ti qué carajo te importa?"...¿qué carajo es eso?... Vamos, que estamos rodeados de "carajos" por todas partes, ¡¡ tié que véeee!!






domingo, 20 de abril de 2014

Y A MÍ...¿QUÉ ME IMPORTA?







¡¡Me importa un bledo!!...¡un bledo!...pero ¿qué coño es un bleeeedoo?, hay que ver la de cosas que se dicen que ni siquiera sabemos qué son o qué significan, habré oído veces un bledo... pos hasta ahora no he sabido lo que era. Yo sé lo que es ..."me importa un rábano", o "me importa un carajo" o su sinónimo, jiji..."me importa un pepino", o "un pimiento", es curioso que todas se refieran a cosas de comer... sin segundas, que hay por ahí cada uno-a....
Aunque es una expresión que va cayendo en desuso, yo todavía la oigo muy de vez en cuando y he querido saber qué era... y según la Rae, ésto es:
 1. m. Planta anual de la familia de las Quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos axilares.
 Antiguamente se comía hervida o se daba a las aves como alimento, pero por su escaso sabor, la condenaron al olvido gastronómico más absoluto.
¡Ea! pues ya ha quedado satisfecha mi curiosidad, ahora ya puedo decir con toda la razón del mundo que algo a mí, me importa una quenopodiácea.

 
A ver qué otra palabreja hay por ahí que cuando la decimos no tenemos ni puñetera noción de lo que estamos diciendo... al menos yo, que soy una inculta....



Mucha gente cuando ve una gran trifulca o un disgusto "morrocotudo"...¡andaa, si me ha salido un palabro antiguo en desuso!!, jajaja, va y te dice..."ojú, te has puesto hecho un basilisco"....mu bien, estaba en mi derecho de ponerme así, pero ¿qué quieres decir con eso?...¿qué es un basilisco?, ¿en?, ¿en?...¿qué es eso? .... a mí me dices tú las cosas claras, ni se te ocurra insultarme...¿qué es lo que me estás diciendo?  ¡a ver!.... tranquilo hombre, que yo te lo explico....¡¡uff, menos mal!!
Que digo yo que esta expresión tiene que ser antigua de cojones porque el tal Basilisco es un bichejo mítico de la Edad Media con cuerpo de serpiente y cabeza de dragón que según la mitología, cuando se cabreaba destrozaba pueblos enteros y con la mirada hacía como Medusa, una conocida suya... lo convertía todo en piedra... de ahí ponerse hecho un basilisco, ahora, lo que más me asombra es que desde esa Edad, mira que hace siglos, la expresión siga vigente porque todavía no  hemos sido  capaces de discutir sin encendernos y echar "fuego" por la boca.


Es como cuando me dicen: "¡¡me estás  sacando de mis casillas!!"....pero vamos a ver, ¿qué me estás contando chaval?, ¿en serio crees que yo quiero sacarte de tu casa por muy pequeña que sea?....¡Leches!...¿qué me quieres decir, que te hago perder la paciencia?...¡pues dime eso, so jodío!, ¡qué manía de hablar con "tecnicismos" tío, ¿me quieres decir de dónde viene eso de las "casillas"?.... ¡Eso está hecho!...
Es una expresión que se utiliza para referirse al hecho de hacer perder la paciencia a alguien, de irritarla, encolerizarla o hacer que se enfade.


 Algunas fuentes atribuyen el origen del dicho a un popular juego de mesa,  juego milenario que consiste en un tablero y fichas al que eran muy aficionadas las altas esferas de la antigüedad, reyes, gobernantes, religiosos y  adinerados.
Pero como ha sido siempre, es y será, a los "altos mandatarios" no les gustaba perder y con tal de ganar siempre, elegían jugar con sirvientes y lacayos confiados en que les dejarían ganar, pero claro, eso no siempre se conseguía porque la suerte de los dados tenían mucho que ver en la partida y cuando una de las fichas del adversario caía en una casilla ocupada, ésta era echada fuera y debía volver a entrar por el principio. De ahí que muchos oponentes se irritasen porque "les habían sacado de sus casillas", vamos, una variante parecida al parchís, y la verdad, en parte entiendo el cabreo, porque a mí cuando me comen una ficha y tengo que volver al principio, me da una rabiaaaa.....