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martes, 23 de julio de 2013

BIEN PAGADO





Salgo del trabajo deseando tomarme una copa con los amigos, hemos quedado en el bar de siempre y a mí me coge relativamente cerca de la oficina, casi siempre soy el primero en llegar.

Ya estoy en la barra con una cerveza en la mano cuando llega Carlos, un soltero por decisión propia que lleva una eterna relación en el tiempo con la misma mujer, difícil de creer pero así es. Ricardo aparece sonriente como siempre, con su dentadura recién estrenada y quejándose del  dinero que le ha costado... se va a ver agobiado durante varios años porque la paga a plazos y  en casa, con tres hijos  del matrimonio, gastos son los que le sobran. Ricardo no se quedará mucho tiempo, una hora más o menos, como siempre.

Con cara de pocos amigos llega David, le ha costado aparcar y ésa es su pesadilla de todos los días, menos mal que tiene un buen pase y pronto ríe a carcajadas con el chiste de Carlos.

Queda Raúl, se está retrasando y es raro, pronto recibo una llamada al móvil y me dice que no vendrá, que ha decidido aceptar la invitación de su secretaria para cenar en su casa, pero que si llama su mujer, le digamos que está en el baño.

Ya estamos todos, somos cuatro, todavía un buen número para echar unas risas con cualquier motivo, salen conversaciones de los respectivos trabajos, de fútbol, de las vacaciones y ¡cómo no! de las mujeres. Todos tienen la suya, bueno no todos, yo...no.
 A medianoche me despido de ellos, Ricardo hace tiempo que se fue, es buen padre y un buen marido, todos son buena gente, incluso yo.
Al llegar a casa y comprobar el silencio y la oscuridad, descuelgo el teléfono y marco un número ya conocido, no hablo mucho y cuelgo. Casi treinta minutos después llaman al timbre y abro la puerta.  La visita me hace olvidar mi soledad, se esmera en darme lo que necesito, incluyendo alguna sorpresa, me hace pensar por un tiempo que  está conmigo porque me quiere y yo prefiero cerrar los ojos e imaginar que veré su cara cada mañana.
Dispuesto a dormir, dejo en la mesilla algunos billetes de 50 euros y doy las buenas noches. Hasta mañana.
Amanezco de buen talante, con hambre, y ya, solo en la cama, de la mesilla han desaparecido los billetes, el reloj y la cartera...lejos de enfadarme, sonrío, cierro los ojos y me digo a mí mismo.....¡¡Bien pagado!!




 


14 comentarios:

  1. Qué pena me dan los hombres así, pagar por sexo es patético, por no sentirse sólo es mucho peor.
    Besitos.

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  2. Paga por sexo, pero paga también y quizás sea lo más importante, por sentirse amado, por no dormir solo, por palabras dichas al oído y por poder mantener una conversación adulta con alguien que le escucha. Nunca sabremos cuánto estamos dispuestos a pagar por algo de felicidad.

    Besitos apretaos, Maite.

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    1. Esos momentos no se compran, porque efectivamente no tienen precio... yo es que no tengo suelto ahora mismo jajajajaja

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    2. tú tienes que ser una cachondona buena ¿que no?

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    3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Es triste desde luego, por lo menos el hombre asume bien los riesgos y los entiende como algo que debe pagar por ese ratito de compañía
    Besos

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    1. Te diré una cosa, es una historia un poco adornada pero con base real.

      El comercio de clientes y prostitutas es un debate interesante, pero desde luego, nadie sabe el porqué algunas personas acuden a ese servicio.

      Este hombre necesitaba compañía femenina en el más amplio sentido de la palabra y era incapaz de buscar una relación.

      Besos apretaos.

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  4. Le levanta el reloj y la cartera una tía que conoce y a la que se supone que le ha pagado bien su servicio y no se enfada. Este tío es un cojonazos.
    Besos.

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    1. Quizás ya contaba con eso Chema, date cuenta que sabía donde localizarla y si no se enfadó, era por algo.

      ¡¡No hay quien nos entienda!! Hablo en general no sólo de los hombres, jajaja.

      Besos apretaos.

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  5. Pagar por sexo es normal, pagar por compañía es triste, muy triste.
    Besazo

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    1. Desde luego, ése es el mensaje del post, debe ser doloroso encontrarse completamente solo y necesitar de compañía para que una casa no esté tan fría y parezca más un hogar.

      Apretaos.

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  6. Yeste, me hizo gracia lo de "todos somos buena gente, incluso yo": no siempre podemos decirlo.

    ¿Permitió que la compañía misteriosa se quedara a dormir en su casa? Grave error, como se ve en el final de la historia. Ahora bien, si considera que el servicio está bien pagado con la cartera, el reloj y los billetes, debe ser que fue un servicio glorioso, de los que se recuerdan en la vejez.

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  7. Jaja, sí puede ser eso.

    "...somos buena gente, inluso yo" creo que con eso quería decir, tal vez, a pesar de algunos actos.

    No todo el mundo requiere la misma clase de servicio y él pagaba más bien por tener por un día, lo que cualquier hombre con pareja, cariño, buenas palabras, compañía y lógicamente sexo.

    Cuando lo consideró bien pagado es porque para él mereció la pena.

    Besos, Fernando.

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  8. Se me ha encogido el corazón....

    Besos, Yeste.

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