¡Hay que ver cómo son las cosas!
Una no es que sea maleducada, pero hay veces que todo se rodea de forma que no hay más remedio que reírse, pero reírse de lo extraño de la situación.
A la salida de un supermercado, cargada como una mula con la compra de la semana, tropezando con infinidad de cuerpos trasegando en la misma ocupación, unos iban y venían otros, la mayoría cargados como yo, se oye un estruendo de vidrios, ¡suposición inmediata....botellas rotas caídas de alguna bolsa!,...¡exactamente!, eso mismo,... varias docenas de ojos nos volvimos hacia el ruidoso lugar. Un hombre de unos cuarenta y pico años, con demasiadas bolsas en sus dos únicas manos, se agachaba intentando recoger como podía los objetos que amparados por su envase no habían llegado a desparramarse, atinó, sin soltar en el suelo las demás bolsas, a volver a guardar en otra lo que ya no podría meter en la primera porque si se rompieron las botellas es porque se rompieron las asas. Varias personas se acercaron a ayudarle a recoger lo que había tirado por el suelo y cuando se disponían a seguir su camino, se oye de repente: "Me cago en la puta...", ¡pobre hombre!, otra bolsa se le había escurrido de las manos y mientras ponía el empeño de casi todo su cuerpo en poderla coger al vuelo antes de que llegara a su destino, otras dos, envidiosas de que a sus compañeras le hubieran aliviado su peso, decidieron aterrizar también en el cemento. A los de alrededor, soy sincera, se nos escaparon varias sonrisillas bienintencionadas mientras acudíamos a socorrer a ese pobre hombre que por el gesto y las extrañas expresiones de su cara, parecía que un espíritu burlón le acompañaba allá adonde fuera, el hombre terminó por sentarse en el suelo ya un poco más risueño y nos explicó que no sabía qué le estaba pasando, que llevaba un día acojonante, que en su casa se le habían caído de las manos varios objetos, había tenido un tropiezo con el triciclo de su nene y había roto la tabla de la plancha al caer sobre ella, la plancha había quedado inservible y su mujer, enfadada, le dijo que se fuera a hacer la compra y se quitara de enmedio un rato, la verdad, al final nos reímos con él y no de él.
Pero, os voy a decir una cosa, yo creo que quizás sí fuera un espíritu burlón, haberlos...haylos, de hecho yo he tenido uno en casa durante una temporada y de vez en cuando todavía me hace una visita, aunque no creo que el mío fuera burlón precisamente, más bien el de algún familiar que quiere hacerse notar.
Ante testigos, hacía moverse toda la cristalería de un mueble cada vez que yo pasaba ante él, lo comprobamos con los testigos vecinos del bloque, pero cuando eran ellos, uno a uno, los que se cruzaban delante del mueble, las copas no hacían el menor movimiento, lo repetimos varias veces y sólo tintineaban cuando era yo la que pasaba. Otras veces, acostada y despierta, notaba cómo me soplaban y se movía el cabello, otras, mientras cosía, sin levantarme del sitio, las tijeras aparecían en el otro extremo de la habitación, ésto me ponía muy nerviosa, quizás lo que más me asustaba entre todas las experiencias que tuve.
Todavía, de tarde en tarde, algo me vuelve a pasar para recordarme que sigue conmigo, aunque ya no tengo tanto miedo como al principio, siempre he sido muy.....cómo decirlo....abierta a estas cosas y por ende, receptiva.
Pero, vamos, el de este pobre hombre parece que disfrutaba haciéndole pasar malos ratos.
Recordad: Haberlos...haylos.
